12 Mar 2010
Vince, Klaus y Bom.
En tiempos de mi abuelo y en Tierra de Campos, no había días más felices que aquellos en los que, durante las veinticuatro horas, no cesaba de repicar el canalón de la cuadra. Están lloviendo pesetas. Las lluvias de Enero, hasta Junio mantienen tempero. Por mucho llover nunca fue mal año, decían. Claro, que no se limitaban solamente al cereal y a la remolacha, sino que cada familia plantaba cereal, garbanzos, lentejas, alfalfa de secano, ajos, elaboraba vino para los asturianos y mantenía unas palomas y una pequeña huerta.
Eran años felices para los mayores, pero no tanto para los pequeños que, entre sus obligaciones, tenían la de ir a llenar el cántaro al pozo de la plaza. Si lo hacían a primera hora de la mañana la cosa resultaba bien. Como había caído la helada reglamentaria, los barros de las calles, las rodadas descomunales de los carros, estaban duros como piedras, y los niños podían llegar a su destino divirtiéndose, haciendo equilibrios sobre las crestas. Pero ¡ah! a partir de media mañana. Los lodos se descongelaban y suerte tenía le que no volvía pringado hasta por encima de las pantorrillas.
Eran jornadas de lluvia mansa y continua, que se sucedían por una semana, o dos, o tres. Se llamaban temporal y dependían del viento gallego, ese mismo que cita ya en 1513 Gabriel Alonso de Herrera, en su Tratado de la Agricultura.
Ya nadie habla de temporal. Tenemos que ir aprendiendo nombres más bizarros: vaguadas meteorológicas, ciclones extratropicales, y ciclogénesis explosivas. Siempre las hubo, pero más al Norte, como la que en 1362 mató a unas veinticinco mil personas y cambió la línea de costa de Alemania, Dinamarca y los Países Bajos. En Inglaterra, por ejemplo, podrían hablarnos de Antol y Lothar (1999), Oratia (2000), y Dagmar (2004).
Lo preocupante es que se están aficionando a España. El primero fue un Vince (Febrero 2005), al que han seguido Delta (Noviembre 2005), Gordon (Septiembre 2006), Klaus (Enero 2009) y Xynthia (Febrero 2010). En cualquier momento podrían aparecer Pepi y Luci – si fuesen españoles y no alemanes los encargados de los nombres -, en lo que comienza a resultar una nueva movida.
05 Mar 2010
La Rubia de Don Miguel
Hace un par de días me invitaron a la presentación de un libro que el Ayuntamiento ha editado, y José Antonio Gaviero ha escrito, sobre el barrio de Las Villas. Me hicieron subir por sorpresa a la mesa que presidió el señor alcalde, y la desesperación de tener que contar algo me hizo meter la mano en la chistera de los recuerdos, exhibir lo que mi torpe memoria, sin orden ni concierto, iba encontrando.
Hablé de aquellos tiempos de infancia y juventud que tantas veces evoca mi buen amigo Paco Cantalapiedra al referirse a su Cuesta de la Maruquesa. Podríamos haber llegado a cantearnos, simplemente por ser de barrios diferentes, pero cuando él y yo éramos pequeños, la distancia entre ambos era un mundo. Cada barrio era un mundo. Las mujeres de La Rubia y de Las Villas, cuando querían comprar algo en el Portugalete o en el Val, decían: voy a bajar a Valladolid. Y llegaban hasta la parada del autobús en zapatillas, y antes de subir al vehículo se las quitaban, las envolvían en un periódico, y se calzaban unos zapatos como Dios manda, que no se los ponían antes porque las calles no estaban pavimentadas y no era cuestión de estropearlos.
La Rubia era un micromundo donde todos se conocían y donde se conservaba la tradición del apodo. El patato, el estanquero... Mis abuelos eran ‘los madrileños, porque aunque de Hérmedes de Cerrato, habían vivido algún tiempo en Madrid, buscando aprovechar la promesa del general Vicente Rojo Lluch, primo de mi abuelo, de colocar a sus hijos en el ejército. Él único que comenzó la carrera, por edad, acabó dejando sus huesos en el campo de concentración de Gusen.
En la presentación eché mano de cosas y de nombres, y, cuando regresaron las luces, resultó que el gran sorprendido fui yo, porque algunos de los que había mencionado estaban allí. Rosita la lechera, Juanín, un hijo de Eve la pantalonera, Miguel Luquero, don Miguel, que tuvo por primera clienta – era la época de las igualas - a mi abuela Brígida: le vi tan jovencico, en aquella bicicleta, que le dije apúntame, hijo. Tantos. Tan inesperadamente.
26 Feb 2010
Cocodrilos de carreras
Todos estamos dándole vueltas en la cabeza, últimamente, a eso de cómo sobrevivir como país, comunidad, provincia, ciudad y casa. Todos partimos de la idea preconcebida de que para vivir bien, en el estado del bienestar que nos vendieron, hay que tener primero dinero y después gente con la que compartirlo, gastarlo y disfrutarlo. Ese es el búsilis de la cuestión ¿Quién pone el dinero?.
Como solución, cada cual de los que tienen pública voz elige un camino diferente, lo cual quiere decir que no existe ninguno claro. Cambio radical en la agricultura, que pase del extensivismo que no precisa de más de dos tractores y una cosechadora para beneficiar un término, a cultivos intensivos con exigencia de mucha mano de obra; fomento del turismo gastronómico, histórico, monumental y natural; o almacén de residuos nucleares, que algunos terracampinos ven más rentable y seguro que el Bienvenido Mister Pájaros.
La verdad es que hemos heredado una comunidad muy rica en algunas de las cosas dichas antes, como monumentos y naturaleza, pero no porque personalmente hayamos hecho nada para merecerlas, simplemente estaban ahí, aunque no lo sepan los de fuera y apenas tampoco nosotros mismos. Una pena, porque si hay algo estadísticamente comprobado es que los dos focos de atracción más poderosos son la paleontología y la arqueología. Miren Atapuerca.
Viene esto a cuento del cocodrilo de carreras hallado en Zamora y presentado hace poco, en términos geológicos, en la Universidad de Salamanca. ¡Qué fabulosos puntos de atracción de verdadera cultura podrían generarse en la comunidad! Premiando la colección de tortugas y cocodrilos ancestrales de Salamanca y otros puntos ya en funcionamiento, o todavía no, desde las potenciadas villas de Almenara y ciudad de Pincia, hasta los hallazgos que se están realizando en Montealegre, el precioso yacimiento de fantásticos animales del Terciario que hay a unos kilómetros de Valladolid; o esos poblados de la época celta que salpican toda nuestra geografía.
Si queremos atraer turistas con dinero, quizás habría que invertir más en cosas como estas, que en tanto Museo del Botijo.
Cocodrilos de carreras
Todos estamos dándole vueltas en la cabeza, últimamente, a eso de cómo sobrevivir como país, comunidad, provincia, ciudad y casa. Todos partimos de la idea preconcebida de que para vivir bien, en el estado del bienestar que nos vendieron, hay que tener primero dinero y después gente con la que compartirlo, gastarlo y disfrutarlo. Ese es el búsilis de la cuestión ¿Quién pone el dinero?.
Como solución, cada cual de los que tienen pública voz elige un camino diferente, lo cual quiere decir que no existe ninguno claro. Cambio radical en la agricultura, que pase del extensivismo que no precisa de más de dos tractores y una cosechadora para beneficiar un término, a cultivos intensivos con exigencia de mucha mano de obra; fomento del turismo gastronómico, histórico, monumental y natural; o almacén de residuos nucleares, que algunos terracampinos ven más rentable y seguro que el Bienvenido Mister Pájaros.
La verdad es que hemos heredado una comunidad muy rica en algunas de las cosas dichas antes, como monumentos y naturaleza, pero no porque personalmente hayamos hecho nada para merecerlas, simplemente estaban ahí, aunque no lo sepan los de fuera y apenas tampoco nosotros mismos. Una pena, porque si hay algo estadísticamente comprobado es que los dos focos de atracción más poderosos son la paleontología y la arqueología. Miren Atapuerca.
Viene esto a cuento del cocodrilo de carreras hallado en Zamora y presentado hace poco, en términos geológicos, en la Universidad de Salamanca. ¡Qué fabulosos puntos de atracción de verdadera cultura podrían generarse en la comunidad! Premiando la colección de tortugas y cocodrilos ancestrales de Salamanca y otros puntos ya en funcionamiento, o todavía no, desde las potenciadas villas de Almenara y ciudad de Pincia, hasta los hallazgos que se están realizando en Montealegre, el precioso yacimiento de fantásticos animales del Terciario que hay a unos kilómetros de Valladolid; o esos poblados de la época celta que salpican toda nuestra geografía.
Si queremos atraer turistas con dinero, quizás habría que invertir más en cosas como estas, que en tanto Museo del Botijo.
19 Feb 2010
Obama el atómico
Hace cuarenta años había en los kioscos dos tipos de TBOs, los autóctonos, con héroes como Mortadelo y Filemón, agentes secretos de la broma; Carpanta, el soñador de pollos; Petra, la criada para todo; o la familia Ulises, el querer y no poder; y los americanos, de la escudería Marvel – maravilloso – con culturistas émulos de Supermán y Flash Gordon, aquel hombre araña malo-bueno; el otro hombre araña, Spiderman, bueno-bueno; el gran Hulk, la masa; la Zarpa, el Capitán América... todos con los grandes poderes necesarios para librar a la humanidad de esos malvados que quieren esclavizarla, o destruirla, o ambas cosas.
Algunos han vuelto a reaparecer recientemente en las pantallas haciendo lo que mejor saben, liquidar villanos - ¡ah!, aquellos doblajes mejicanos -, para preparar el terreno al último y mejor de todos, Obama, el que derrota malvados con la asombrosa sonrisa de Fred Astaire.
No os preocupéis, nos ha dicho, aquí estoy yo para salvar al mundo de las amenazas importantes, vosotros seguid trabajando para las ordinarias. No Guantánamo, no Guerras, no cambio climático. Fuera los monstruos, pase la felicidad de los hombres (y de las mujeres).
La sonrisa sigue ahí, hipnotizando como silbo de serpiente y canto de sirena, pero de Guantánamo hemos llegado solamente a Juan Tanamera, y de las guerras finiquitadas a unas maniobras militares por Afganistán, donde miles de soldados, gastando millones de dólares, van matando, por ahora, una docena de civiles y una decena escasa de talibanes. Dos no riñen si uno no quiere y los malos se han ido a otra parte al ver los helicópteros y los tanques. Mister Obama, tenemos un problema, no nos dejan salvarnos.
Pero lo peor acaba de llegar en nombre de la defensa del cambio climático. Obama va a llenar de centrales nucleares los E.E.U.U. con los mismos argumentos, poco más o menos, que el alcalde de Santervás ¿habrá leído sus declaraciones en los periódicos? ¿en la BBC?. No solamente no repercutirán sobre el calentamiento del planeta, sino que darán trabajo a una porción de los norteamericanos desempleados. Los Estados Unidos mirándose en el espejo de la Tierra de Campos. Ver para creer.
12 Feb 2010
El plan E y la supervivencia.
Me pasan de Survival, movimiento de los pueblos indígenas, la noticia de que ha muerto la señora Boa, a la edad de 85 años. Era la última persona de un antiguo pueblo de la Tierra, los Gran Andamanes de la isla de Andamán, que hablaba el bo. Con ella ha muerto una cultura.
El periódico publicó ayer un extenso artículo sobre los proyectos que los pueblos de por aquí han presentado para aprovechar los fondos del Plan de creación de empleo y, repasándolos, a uno le entran ganas de mandarlos a donde tengan el cielo, o el infierno, los susodichos Gran Andamanes. Fuentes con chorrito en la plaza, pistas de pádel... ¿Es eso crear riqueza, o enterrar dinero a lo tonto? ¿Qué futuro mejor proporcionan al pueblo que las construya las tales fuentes y pistas?. Hace un año leí también a alguien, que no recuerdo, que los frontones que se habían hecho nuevos en los pueblos servían para aparcar los tractores, ya que eran un lugar sin barro, porque ¿cómo iban a jugar al frontón unos habitantes con una media de 65 años?.
¿No sería mejor gastárselo en algo con alguna mínima posibilidad de comercialización? Por ejemplo en depuradoras, que donde hay agua limpia siempre habrá peces para pescar y cangrejos, aunque sean rojos americanos, para entretenerse e incluso para comer; o guarderías de árboles autóctonos, en alguna tierra del pueblo donde se pueda poner un goteo, para agrupar en ellas – otras residencias de ancianos – aquellas verdes doncellas, peras de cuchillo y de don guindo, cermeños santiagueses, ciruelas de calabacilla, guindas de Toro, o higos de hilo de miel, que están siendo arrancados o dejados secar en los perdidos y en los majuelos. Serían bien fáciles de rescatar. Como especies antiguas, producen chupones y son pies francos. Echen un vistazo a las cerezas Cherry Glamour, que los de Lérida venden a 1,20 euros cada una. Sí por cada cereza. Las han apellidado Glamour porque siempre hay quien está dispuesto a pagar lo que sea por la exclusividad. Aquí las posibles exclusivas glamurosas se nos están muriendo sin cuidado ni compañía. Es más fácil pedir dinero al estado para ir a comprar las cerezas de otros al supermercado.
05 Feb 2010
Los jubilatas.
Sigue coleteando el asunto del cementerio nuclear y una de las principales oposiciones que se le hacen es que su presencia destruirá las perspectivas de desarrollo de la zona que lo acoja, aludiéndose a un vago panorama de riqueza basado en la Naturaleza y el Turismo. En un caso concreto, el periodista tomó prestada, de boca de uno de los resistentes, una especie de regañina de maestro de escuela a los labradores en general, y sobre todo a los de la Tierra de Campos. La gallina de los huevos de oro ¿Qué bonito verdad? Hacer negocio vendiendo las tierras al nuevo Plan Marshall ¿y luego qué?.
Lo que quería decir, más o menos, es que los labradores de hoy no deben deshacerse de la fuente de riqueza que son sus tierras, sino inventar para ver qué se puede hacer con ellas. Se dijo la palabra inventar, que es la que me ha empujado a escribir esto.
Una Tierra de Campos rica gracias a los nuevos inventos. No sé. Como desciendo por línea materna de una de las más áridas zonas de dicha Tierra, los primeros que se me vienen a la cabeza son los inventos del TBO. No veo la cosa nada clara. Cada vez que regreso al pueblo y observo el deterioro progresivo de sus casas, me imagino un futuro de cementerios de adobes arruinados vigilados por las torres de las iglesias.
No veo en las llanuras cerealistas lo que si contemplo en el Norte de Burgos. Casi todos sus vecinos emigraron a Bilbao y en los setenta muchos pueblos se quedaron sin un solo vecino. Pero poco a poco han ido regresando, ya jubilados. Los jubilatas los llaman. Y andan plantando frutales, cuidando viejas nogalas y rescatando antiguas huertas. La vida ha regresado con ellos. Están esperando, ansiosos, la última nevada para retornar y adornar con plumas de humo las viejas chimeneas.
Por aquí no sucede lo mismo. Será el carácter, poco amigo de árboles y verduras. Será que faltan inventores. ¿Faltan? Que la Junta los vaya a buscar donde se críen, porque si no el futuro espléndido fundamentado en Naturaleza y Turismo acabará convertido en un escenario de los París-Dakar venideros. Un desierto lleno de gente y de cámaras de televisión durante quince días cada año.
29 Ene 2010
Cementerios nucleares.
Los que circulen por la carretera Burgos-Santander, podrán ver a la altura de Sedano y Covanera unas pancartas de corte casero, protestando de que los de Valdelateja hayamos cerrado el balneario. Incluso es probable que me vean en alguna foto en medio de la demás gente, quejándome de que un establecimiento renovado, que promete un paraíso de Naturaleza, no haya previsto entre sus nuevas obras una depuradora, y piense que lo normal es verter libremente sus aguas residuales al río.
Pero lo mismo que digo una cosa digo la otra. Como científico hay que distinguir entre lo real y lo imaginario. En la historia de la ciencia se han levantado olas de desconfianza cada vez que el hombre ha conseguido manejar una nueva fuente de energía. Cuando el vapor permitió que los trenes alcanzar los escalofriantes treinta y cinco kilómetros por hora, los detractores dijeron que Dios no había hecho al hombre para semejantes velocidades, y menos a las mujeres, con lo inestables que por naturaleza eran. ¡Imagínense sus cerebros sometidos a tales inercias! ¡Iban a bajar loquitas todas!.
La energía atómica no es antinatural, es tan natural como el viento, los rayos cósmicos y la electricidad. Y es peligrosa, desde luego, como el fuego, el rayo, y los leones, pero tan bien conocida por la ciencia actual, que puede ser manejada con suficientes garantías, gracias a la tecnología que para su trato y uso ha desarrollado. En términos absolutos, la energía nuclear es hoy más segura que volar en avión, por ejemplo. No hay peligro en ella si la inversión y los medios dedicados a su control son los convenientes. ¿Que puede partirse la Tierra en dos y liberar los residuos guardados? Pues claro que sí, como puede chocar contra el planeta un aerolito y acabar con todos. La sabiduría popular se lo ha enseñado a quienes viven junto a ella, Ascó, comarca de Garoña, que no tienen reparos en pedirla como forma de vida, en ocasiones como única posibilidad de sobrevivir.
A los enterradores que vivían en los cementerios les preguntaba la gente ¿No tenéis miedo?. Y ellos siempre respondían: de quien hay que tener miedo es de los vivos. De políticos y de bombas.
15 Ene 2010
El terremoto de Valladolid.
Una imagen que ha quedado en ojos de todos, ha sido la de esa mujer de Haití exclamando ¡Es el Juicio Final!, exponiendo a la vez sentimiento de derrota y cristianismo.
Un desastre que subraya el sentido de globalidad que está cobrando el planeta. Cuando se corta una flor titila una estrella. Cuando pasa alguna cosa allá lejos, algo nuestro se conmueve. Está desaparecida una funcionaria de la ONU en la isla, Pilar Juárez. De estudiante compartió piso con mi mujer. ¡Qué pequeño es el mundo!.
Si de algo hemos de alegrarnos es de vivir en una zona segura de la superficie terrestre, con los pies asentados sobre cimientos sólidos. Menos mal, porque las casas que menos resisten los movimientos sísmicos son las de adobe y las de piedra al estilo de las que por aquí se construyeron. Un terremoto nos mataría a todos. No hemos construido pensando en terremotos. No estamos acostumbrados a terremotos, aunque no deje de haber fallas dispersas por la meseta, por ejemplo la de La Maya de Salamanca.
Aquí el terremoto de toda la vida es el de Lisboa de 1755, contado por Antonio Cospedal en un folio manuscrito titulado: Testimonio de un terremoto de tierra acaecido en esta ciudad.
Día de Todos los Santos: “se experimentó en esta ciudad un general terremoto de tierra, que su duración sería la de siete, a ocho minutos, en cuyo corto espacio visiblemente se movieron cuantos edificios dentro de sus muros permanecen, dando esta extraña novedad motivo a que sus moradores y habitantes, cuidando solo de libertar a sus respectivas familias, desamparasen sus habitaciones, imaginando todos que la suya, particularmente, se arruinaba”. Los vallisoletanos pensaron “que el soberano autor, cansado ya de tolerar y sufrir el crecido número de nuestras culpas, había determinado el Final Universal Juicio”. No hubo muertos ni heridos. Solo susto.
08 Ene 2010
El planeta Marte y las castañas.
Este invierno ha ayudado a quedarse en casa viendo la televisión. Aquí el frío lo aguantamos bien, pero el agua nos gusta menos, y menos aún la nieve. Muy bonita al principio, pero acaba convirtiéndose en un puré negro sobre las aceras, que atraviesa las suelas de los zapatos, y empapa los bajos de los pantalones, dejándonos destemplados, física y psicológicamente, para el resto del día.
En uno de los intermedios entre dibujos animados y Papa Noel, se habló del futuro viaje de unos astronautas a Marte. Una de las principales dificultades planteadas es lo que puede pasarles en tan largo viaje, no por cuestiones de comida o bebida, sino de relación. ¿Convivir en un espacio vital tan corto? ¿Peleas? ¿Depresiones? ¿Tendencias homicidas o suicidas?. Para tratar de entenderlo, andan encerrando voluntarios en falsas cápsulas. A ver qué pasa.
Y poco después, en el Telediario, se vio partir el barco-escuela Juan Sebastián Elcano, y algunos de los entrevistados abundaron en lo mismo: el principal problema que se planteaban era la convivencia.
Y pasando junto a una castañera se me vinieron a la cabeza aquellos inviernos de hace cincuenta años, cuando toda la familia vivía reducida a convivir en la minusculidad de la cocina, porque era la única estancia caliente de la casa, gracias a la económica o bilbaína, con su depósito para el agua caliente a un lado y una lata agujereada con castañas sobre la chapa. Allí la madre planchando, los niños chicos jugando, los mayores estudiando, y la abuela, en el rincón más discreto, repasando calcetines, mientras la radio distraía para que no se criasen pensamientos tristes ni tonterías.
Si la NASA necesita hacer experimentos es porque la gente se ha escapado del invierno gracias a la calefacción central. Hoy todo el mundo tiene su cocina particular. Una cocina para cada uno. Lo paga la convivencia.
Sobre este blog
Blog con nombre propio
Anastasio Rojo VegaAnastasio Rojo es catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad de Valladolid.
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