Derecho a la autonomía para la distrofia muscular, eutanasia para la distrofia social
16.03.07 @ 17:26:15. Archivado en Vida Independiente
Mª Ángeles Sierra Hoyos
Apoyada por el Comité ético de la Junta de Andalucía y su Consejo Consultivo, basándose en legítimos argumentos de rechazo al tratamiento por limitación de esfuerzo terapéutico y no de eutanasia, Inmaculada Echevarría optó por la desconexión del respirador que desde hace varios años era la única herramienta que la mantenía "viva", pero empujada en su decisión por la soledad y el vacío en que se encontraba desde hace 20 años, como ella misma admitió hace unos meses.
Personalmente, no solo respeto su decisión, sino que me atrevo a afirmar que es motivo de ensalzamiento porque acabó asumiendo en primera persona la responsabilidad directa de finiquitar con su vida, disimulando el hecho de que nunca le permitieron vivir debido a esa otra "distrofia política y social" existente, que algunos pretendemos desenmascarar, por la sencilla razón de que exigimos verdaderos derechos de igualdad de oportunidades y, con ellos, la conquista y verdadera posesión del derecho a vivir dignamente sin tener que enfrentarnos una vez más a la petición de la muerte por encontrarnos sumidos en el vacío y la soledad.
Pienso en su situación y creo que yo también hubiera hecho lo mismo tras 20 años de esperanza inalcanzable, condenada por su entorno social a vivir en una habitación hospitalaria, habiéndose visto obligada a tener que dar a su único hijo en adopción, habiéndose quedado viuda y disponiendo apenas de tan solo un par de amigos.
Ahora, los medios de comunicación se despachan muy a gusto diciendo que al fin libró la batalla contra su respirador, el único que la fue -y le hubiera seguido siendo- fiel, de no haber tenido la mala suerte de vivir dentro de una sociedad y de un sistema tan cínicos y tan podridos, por no haber dispuesto a tiempo de las herramientas necesarias para salir de ese mundo del vacío. Las mismas herramientas por las que muchos luchamos sin ser escuchados, tal vez porque es más fácil, menos costoso, más cómodo y productivo, el empujarnos al vacio y la soledad.
Inmaculada no era una enferma terminal pese a que su vida dependiera de un respirador. Inmaculada fue una mujer que hace más de 20 años estaba sintiendo en vida su propio asesinato social, que durante esos 20 años pudo creer y soñar con ser resucitada y, ante la pérdida de esa esperanza, optó por acabar con los muchos años regalados y con lo poco que quedaba de su vida.
Curiosamente en el año de la aprobación de la ley de la Dependencia, la gran ley milagro del Estado y de las Administraciones autonómicas, pese a estar ésta aprobada pero a falta todavía de las reglamentaciones, les urgió tal vez más a la Administración Central del Estado y a la Junta de Andalucía aplicar su derecho a ser desconectada que poner en marcha todo un operativo para devolverla lo que supuestamente pretende esta ley para las personas con necesidad de apoyos: su máximo nivel de autonomía.
Cuando pienso en este caso, no puedo dejar de pensar en las muchas personas con distrofia muscular a las que conozco -y quiero- y que al igual que Inmaculada -a la que por lo visto según cuentan los telediarios la llamaban la luchadora- precisamente por eso, por su incesante lucha por la vida, se levantan cada mañana dispuestas y dispuestos a hacerse con las riendas de una realidad que les es hostil porque se les están negando los medios necesarios para que su vida puedo serlo. No puedo dejar de pensar tampoco en mi misma viendo como el paso de los años incrementa mis necesidades en la misma proporción en que reduce mis posibilidades de disponer de los medios para asumirlas, pese a las muchas leyes que en el tiempo se me pintan.
Pienso en Ismael, Rosa, Vicente, Socorro, Javier, Amparo,... en su lucha diaria por tener una vida digna. Pienso en Inmaculada, Mayte o Alicia, ya desaparecidas, que se fueron con un sueño: el de alcanzar a vivirla. Y descubro que esta sociedad, que esta esfera política, administrativa y mediática en que nos ha tocado vivir, adolece también de una distrofia degenerativa pero que a diferencia de ellos, en lugar de luchadores, les convierte en destructores de la vida, de la independencia, de la autonomía. Distrofia contra la que sí deberíamos entre todos hacer un esfuerzo y provocar la eutanasia, antes de que se nos trunque el sueño de refortarlecer el verdadero valor de nuestras vidas.

Escribe tu comentario