13 Mar 2010

AZÚCAR DULCE

El lunes pasado se celebró el Día Internacional de la Mujer, que hasta hace nada se llamaba de la Mujer Trabajadora, nombre tan retórico como decir azúcar dulce o sal salada. Aunque no conozco el origen de esta jornada, supongo que habrá sido idea de un hombre, ya que la mayoría de las mujeres que frecuento serían incapaces de elegir un día para festejar semejante soplapollez. No obstante, a pesar de mi resistencia natural a este tipo de jornadas, acudí a la manifestación para escuchar lo que ya me esperaba antes de salir de casa: consignas contra la desigualdad laboral, medidas para llevar con resignación la familia y el trabajo, y paridad real de ambos sexos en las empresas y parlamentos donde se corta el bacalao. Nada nuevo bajo el sol. Tras la concentración callejera me encerré en casa a leer ‘Contra el viento’, el Premio Planeta de este año, ganado por la historiadora y periodista Ángeles Caso. Mi colega (espero que me perdone este atrevimiento) firmó el mismo lunes un revelador artículo sobre las mujeres que terminaba así: “De trabajar, lo que es de trabajar, no nos hablen, que de eso sabemos mucho desde siempre”. Su lectura me ayudó a comprender por qué estaba tan a disgusto con el ya susodicho Día.

Conozco a algunas mujeres que no trabajan, pero no conozco a ninguna que no sea trabajadora, que es bien distinto. Es cierto que mi abuela no tenía nómina ni seguridad social, lo cual no la impidió sacar adelante ocho hijos, que como se sabe es una tarea que apenas da trabajo. Sólo hay que lavarlos, educarlos, hacer la comida, llevarlos a la escuela, cuidarlos cuando están malos o incluso amortajarlos cuando se mueren, que en su caso fueron cinco exactamente. Mi madre, mucho más avanzada, entró en el mundo del trabajo primero como autónoma a la que nadie pagaba y más tarde como asalariada, a la que pagaban una mierda. Pero en ambos casos, además del curre, hacía la comida, sacaba adelante a la familia, cosía para todos, fregaba los suelos antes de que llegara la Vileda y aguantaba a mi padre, que era un zángano colmenero de mucha consideración. Para no seguir hablando de mi familia diré que no conozco a ninguna científica de primera división que además de ocuparse de su trabajo no lleve a los niños al cole, les ponga el termómetro cuando sospecha que tienen fiebre o duerma con un ojo abierto cuando el cacharro pasa de 38 y medio.

Ya sé que los chavales de ahora friegan los platos mientras que servidor, como mucho, los retira de la mesa, pero me gustaría saber cuántos de ellos saben usar el salfumán para el retrete o cuándo dieron blanco nievín en los azulejos del mismo. Que una cosa es parecer moderno y otra meter la escobilla. Por favor, señoras, luchen y eduquen a sus hijos (preferiblemente varones) para que cuando lleguen al parlamento o un consejo de administración, se acuerden de ustedes y defiendan, seriamente, la igualdad que el lunes estuvieron pidiendo en la calle.

12 Mar 2010

Noticias viejas

Anoche me fui a la cama con la sensación de que la madrugada traería noticias y no serían buenas. Antes de levantarme, el transistor que duerme conmigo bajo la almohada me puso al corriente en dos flashes: el primero, para recordarme lo que ya sabía desde la noche anterior; el segundo, para anunciar que se había cumplido el peor pronóstico: la muerte de Miguel Delibes. Tras la noticia llegaron los comentarios, las primeras impresiones, los análisis, el recordatorio de una vida tan plena que no cabe en mil informativos, en mi periódicos, en mil titulares.

Me he levantado atolondrado y sin saber qué hacer, y así continúo, hasta que me pongo a hilar estas cuatro frases que me ayudan a arrancar, a entrar en el mundo real.

He salido a la calle a tomarme, sin ganas, el primer café del día y a ojear unos periódicos que, a las ocho de la mañana, ya eran viejos.

Nevaba.

06 Mar 2010

EXCURSIÓN Y DEVOCIÓN

Un montón de amigos han empezado a hacer el Camino de Santiago aprovechando que estamos en Año Santo Compostelano, que no sé muy bien en qué consiste. La mayoría, hacen la ruta más por la excursión que por la devoción, lo que no les impide pegarse una chupa de 500 kilómetros con la mochila en la chepa y un palitroque en la mano. Unos van por el Camino Francés, otros por el Primitivo, o el Mozárabe, la Vía de la Plata, el del Norte, el Portugués o la Ruta de la Lana, que es la que seguían en el siglo XVII (¡gracias, Google!) los esquiladores. Comprenderán que para mí semejante galimatías es imposible de entender, y dada mi torpeza es posible que empezara a andar en Villarcayo y terminara en los alcázares sevillanos, abrazando a la Macarena en lugar de al Apóstol. Vamos, que recorrer la ruta con chirucas, sombrero, cachava y linimento del tío del bigote, no es lo mío, aunque respete a quienes se aventuran a que les muerda un perro, a quedarse cojos o a buscar una farmacia para comprar cien metros de tiritas.

Claro que no todo el mundo sale de marcha en las mismas condiciones. Por ejemplo, mi amigo Paulino viaja con coche escoba detrás, que es donde va el equipaje, y duerme en hoteles de 4 ó 5 estrellas, que una cosa es pegarse una paliza del copón para ir a Santiago y otra lavarse los calzoncillos y el sobaco en un albergue de peregrinos, que habrá mucha solidaridad y mucha camaradería, pero no hay color, aunque haya olor. Mi amigo José Carlos, por el contrario, tiene previsto recorrerlo en bicicleta a razón de 40 kilómetros al día, y es muy capaz, aunque el sillín le destroce el culo. Víctor Vela, mi admirado reportero de EL NORTE, se ha echado a los caminos (supongo que al Francés, que, para mí, es el mejor…) armado de libreta, boli, cámara, grabadora, portátil y demás achiperres indispensables para abrazar al santo desde atrás y para escribirse dos páginas al día. Es verdad que yo acabo de volver de Angola de hacer un reportaje, pero fui en avión, como un señor, aunque la comida era una mierda.

En la etapa quinta, Víctor nos contaba cosas de Belondo, Tosantos o Villambistia, que aunque no sé dónde están supongo que formarán parte de la ruta, porque éste también es un despistado. Gracias a su sacrificio he podido saber que en esa zona hay una campana y que no conviene beber agua de la fuente porque da cagarrinas. El mundo está lleno de sorpresas. Puestos a elegir preferiría imitar al presidente de la Junta, que en una jornada se recorre dos kilómetros rodeado de fotógrafos, consejeros que son y otros que aspiran a serlo y se vuelve a casa en coche a cambiarse de calcetines. Pero lo de Víctor es otra cosa porque, además de escribir cada día, aún le faltan 500 kilómetros por recorrer. Majo, te queda más mili que al palo de la bandera, y yo fuera cuñado del Cireneo igual te ayudaba a llevar la cruz, pero da la casualidad de que ni siquiera sé quién es.

27 Feb 2010

CAJAS Y COFRADES

Mi amigo Iñaki me da algunas ideas como la presente, que le agradezco en el alma porque tengo la mollera más tiesa que la mojama. El otro día me preguntó si no encontraba paralelismos entre las cajas de ahorros de Castilla y León y las cofradías religiosas de Andalucía, y tuve que reconocer que no veía nexos en común entre instituciones tan dispares, salvo que a algunos de sus consejeros les guste tragar polvo en El Rocío. Pero incluso en esas situaciones, no terminaba yo de imaginarme a don Santos Llamas o a don Julio Fermoso (por poner solamente dos ejemplos) de palmeros finos, vestidos con zahones y saltando la verja sin dejar la próstata para ser los primeros en sacar a la Virgen. Nuestra Señora. Fue Iñaki quien me dijo que no sería deseable que los presidentes de las dos cajas de ahorro más molonas de la región dejaran los bajos en los pinchos de la reja. Se trata, más bien, me aclaró, de las fusiones y los nombres.

Resulta que, según su teoría, una de las primeras dificultades con que se encuentran las entidades de ahorro cuando se fusionan es la elección del nombre, que tiene que tener, como mínimo, la identidad propia la y referencia a la patria chica. Luego es verdad que tienen otros problemas, y si no que se lo preguntan a Caja Duero-Caja España, o a las de Segovia, Burgos y Ávila, metidas en un berenjenal del que pocos se aventuran a decir cómo acabará. Pero el nombre también es un problema, y la prueba es que nadie sabe a estas alturas cuál adoptará la fusión de las dos primeras, que puede ir desde Caja España de León del Duero y Monte de Piedad de Salamanca y Soria, a Caja Duero de España y Soria con el Monte de Piedad en Salamanca y León. De lo que pueda pasar con el nombre de las otras tres, es preferible no opinar porque no se sabe si se fusionarán entre ellas, una absorberá a las otras, o acabarán desapareciendo todas.

Y ahí es donde este amigo zumbón encuentra el paralelismo del apelativo de las cajas y el que exhiben algunas hermandades andaluzas fusionadas para sobrevivir por falta de cofrades dispuestos a tirar de la carroza. Por eso no es infrecuente encontrarse con la Cofradía del Santísimo Cristo de Limpias y Hermandad del Sagrado Cáliz de las Reverendas Madres Carmelitas del Sagrado Corazón de Jesús en Vos Confío; o la Santísima Hermandad Antigua de Jesús del Grandísimo Poder de los Padres Filipenses y del Sayón que Azotaba a Jesucristo Camino del Calvario Según Llegaban al Gólgota. Supongo que los gaditanos, con esa capacidad reductiva que tienen, se referirán a estas instituciones como “la del Cáliz” o la del “Sayón”, pero me gustaría saber qué diminutivo le darían a una entidad que se llamara Caja Burgos de Navarra, Segovia y Ávila y Monte Cívico de Piedad de Canarias y Chafarinas de los Grandes Expresos Europeos. Mientras dices toda la letanía igual ya no te queda ni fuelle para tirar de la carroza ni fondos en la cartilla.

20 Feb 2010

BONO Y CRISTIANO

La peña anda mosqueada con la clase política y así lo ha hecho saber en una encuesta según la cual 15 de cada 100 españoles opinan que los partidos son uno de los cuatro problemas más graves que tiene este país. Si extrapoláramos esos datos, deberíamos asustarnos sabiendo que unos siete millones de ciudadanos están hasta el escroto de esos que van de representantes del pueblo llano. Supongo que las razones de este cabreo guardan relación con la manera de gestionar la crisis actual, y, sobre todo, con los privilegios que parecen tener algunos de esos fulanos que calientan escaños y sillones y a los que pagamos, generosamente, los demás. Cuando España era rica, esas cosas apenas preocupaban, pero ahora que hemos empezado a dar la vuelta a los abrigos y cogemos puntos a las medias con un huevo de madera, el tema empieza a escocer y nosotros a votar. De momento, sólo en las encuestas, que aún no es tiempo de elecciones, pero todo llegará.

Nada más publicarse los datos, los periodistas, que son unos jodíos envidiosos, empezaron a meter cizaña (y micrófonos) a los políticos que pillaron a mano para que opinaran sobre lo que nos cuesta mantener sus sueldos, sus jubilaciones anticipadas, sus coches oficiales, sus viajes gratis total, sus visas y esos otros privilegios que llevan aparejados algunos cargos públicos. De entre todas las respuestas ofrecidas por estos ciencias, me quedo con dos. La primera, de don José Bono, presidente de las Cortes, diciendo que cuesta lo mismo el contrato de Cristiano Ronaldo que los señores diputados que ocupan escaño en el Congreso; la segunda, de don Fernando Moraleda, ex secretario de Estado de Comunicación, recordando que más caro es mantener el Concordato de España con la Santa Sede. Leyendo y escuchando ambas manifestaciones, se me vino a la cabeza una frase que creo que dijo Aristóteles, aunque a lo mejor me equivoco: manda huevos, María Mercedes, y envió tres docenas.

Si yo fuera político, cobrara por ello y me hubieran puesto la alcachofa delante, en vez de citar a Ronaldo o a los curas, me habría defendido del plumilla envidioso diciéndole algo así como ‘huy, majo, se siente. Haber llegado antes’. Todo, menos hacer esas comparaciones tan zafias propias de gente que cobra muy por encima de sus merecimientos, sin meter goles ni repartir candela en misas multitudinarias a favor del matrimonio, siendo ellos solterones empedernidos. Mala cosa es que los españoles consideren que sus políticos son un problema grave, pero más grave me parece que éstos se defiendan con argumentos tan burdos o que consideren idiotas a todos sus votantes y paganinis en general.

Las declaraciones de los dos pavos citados han puesto al rojo vivo los foros de internet, donde alguien ha dejado escrito lo que seguramente piensa más de uno: “El Real Madrid siempre podrá vender a Ronaldo, pero España no sacará nada por sus diputados. Ni gratis los querrían”.

13 Feb 2010

UNA EXPERIENCIA MEMORABLE

Ahora que estoy casi seguro de que Ikea se montará en nuestra región, les contaré una experiencia que recomiendo porque nadie está suficientemente curtido si no ha pasado un día en esos grandes almacenes. Y aunque más que ir de compras fui acompañando a alguien, la odisea comenzó yendo en coche hasta Alcorcón, lugar que encontramos de pura chiripa. Como era sábado, tardamos dos horas en llegar y una más en encontrar sitio en el aparcamiento, que a pesar de ser del tamaño de la provincia de Albacete no tenía un puñetero hueco libre. En ese momento debería haberme dado la vuelta, pero no lo hice y entré para toparme con unos dos millones de personas deambulando por los pasillos, cargadas con cajas del tamaño de un ataúd que luego intentaban acoplar en sus coches. Como nuestra experiencia era nula en esa manera de comprar, entramos directamente al almacén, donde todo está desmontado y metido en cajas con unas indicaciones tan crípticas como “Modelo Urkell – Rfa. 5888 10048 976B – Color negro/verde”. Con estos datos, entenderán los apuros que pasamos para adivinar si el contenido de la caja era una silla, una mesa de comedor o un armario de cocina, de tal manera que las dos primeras horas las gastamos haciendo el gilipollas entre aquéllos féretros de nombres raros y sin atrevernos a enganchar uno por si acaso al abrirlo en casa nos encontrábamos con una bañera desmontable, en lugar de la mesilla de noche que habíamos ido a buscar. Para empeorarlo del todo, unos carteles prohibían abrir los catafalcos, lo que complicaba todavía más adivinar el color de los contenidos y si en realidad lo que había dentro era un mueble o los recortes de un tocomocho. Nuestro errático deambular se enderezó cuando alguien nos avisó de que lo primero que había que hacer era ver la exposición en el piso de arriba, apuntar la referencia y buscar más tarde en el almacén. Todo ello, naturalmente, compartido por los millones de clientes ya citados que formaban cola para preguntar, para pagar, pedir agua o conseguir un tiñoso lapicero con el que anotar el número del modelo “Stokolm – Rfa. 004455ZR 889887D”, que eran justamente las jodías mesillas.

A media tarde, servidor presentaba un aspecto lamentable, con desorientación temporal, calambres y la vejiga a reventar porque si salías a mear perdías la cola. La cola de las cajas, digo. Y fue precisamente en ese momento cuando me sentí más vejado al recibir la orden fatídica: quédate aquí vigilando los carros y no te muevas, que volvemos enseguida. Me acordé, no sé por qué, de esos ancianos que dejan abandonados en una gasolinera. Como ya había agotado mi diccionario de blasfemias, me cisqué en la madre que les parió a todos, esperé pacientemente y les ayudé a cargar los catafalcos en el coche.

No sé si podré repetir tan memorable experiencia, pero juro por Dios que nunca olvidaré ni eso ni la alegría que sentí cuando volvieron a buscarme.

06 Feb 2010

¡JESUCRISTO!

Alucino con las ocurrencias de algunos gobernantes para resolver el problema del paro. Para empezar, digamos algo obvio: las cifras de parados son aterradoras, cosa en la que estamos todos de acuerdo, incluyendo a los mandamases del gobierno a los que imagino cruzando los dedos cuando esperan los datos del Inem y utilizando una exclamación de El Padrino que me encanta: ¡Jesucristo! Terminada la imprecación, se maquillan los números y se comparece ante los medios para decir que hemos perdido empleo, pero menos que el año pasado, y aunque todavía tendremos meses duros (¿) saldremos fortalecidos de la crisis. Amén. Oyendo estas melonadas, los parados mascullan su mala suerte, dicen también ¡Jesucristo! y miran de reojo a los padres de la patria, que han optado por retrasar la edad de jubilación "para que el sistema no peligre". Éramos pocos y parió la abuela.

Si no lo entiendo mal, se trata de que los curritos de la cruz sigan trabajando hasta los 67 años. La lógica de estos ciencias es aplastante: la mejor manera de acabar con el paro es trabajar, y está un poco en la línea de ese chiste malo y cruel del rey de España que visitando Etiopía preguntaba por qué había tantos niños famélicos y el presidente le contestaba porque no comen, señor, a lo que el señor se acercaba a uno de ellos, le daba una palmadita cariñosa en la cara y le decía, paternal, 'hay que comer más’. ¡Jesucristo!, diría también el niño, si supiera quién es y si tuviera fuerzas para hablar.

Comento todos estos temas con una colega mientras tomamos un vino y llegamos a la conclusión de que ni ella ni yo conocemos a ningún trabajador de 65 años en activo, salvo algunos funcionarios, y somos incapaces de entender de dónde saldrán los puestos de trabajo para que todos sigan en activo hasta los 67. ¿Conocen ustedes a muchos camareros, albañiles, pintores, mecánicos de coches, electricistas, labradores, panaderos, vigilantes, que trabajen a los 63 años, por poner una cifra? Si recuerdan alguno, seguro que es la excepción. Y entonces, ¿qué vamos a hacer para que el señor de esa edad siga dando el callo otros cuatro años más, aunque quiera? Pero, alma de cántaro, ¿cómo va a encontrar ocupación un tío de 61 si no lo encuentra el de 38, que está mejor preparado, o tenemos una generación entera de jóvenes que no se han estrenado en el mundo laboral? La única solución que se me ocurre es que se amplíen las plazas del Senado en cuatro millones, con lo que cada parado tendría garantizado que estando legislatura y media accedería a la máxima pensión.

El miércoles, desde las páginas de este mismo diario, la periodista Rosa Villacastín preguntaba, desafiante, "Tenemos 60 años, ¿y qué" Pues nada, guapa, que o te vas al Senado o te quedan siete.

30 Ene 2010

SIN ENEMIGOS

Ahora que ya han vuelto de Haití los bomberos que han arrancado decenas de vidas a las montañas de escombros; esos médicos que se han puesto de sangre hasta las orejas; los soldados, policías y perros; algunos políticos oportunistas ansiosos de una foto aunque sea entre tanta mugre, y reporteros avezados con lágrimas atrasadas, los haitianos vivos se quedan tan solos como los muertos de Bécquer. Aunque esta vez el mazazo ha sido brutal, pocos se acuerdan de los terremotos de Chile, México, Tailandia, China o el último de Italia, del que aún no han pasado ni diez meses. Pero, en fin, procuraré centrarme en este de ahora apoyándome en una frase que he escuchado varias veces a los largo de estas semanas: Puerto Príncipe parecía una ciudad bombardeada. Afortunadamente, no he tenido ocasión de ver nunca, en vivo, una capital destrozada por las bombas, salvo los restos que aún quedan en alguna (Berlín, por ejemplo) para que no olvidemos la clase de bestias que llevamos dentro. Ya sé que la muerte es igual en todas partes, y que en el fondo tan víctima es la que aparece debajo de los escombros de un terremoto que de un bombardeo. Sin embargo, hay matices.

Lo que me resulta más terrible de esta catástrofe es que los haitianos no tienen enemigo a quien combatir. Cuando los aviones no tripulados que mandan los norteamericanos día sí y día también se cepillan gente en Afganistán, los que sobreviven tienen un motivo para odiar, para alzar el puño al cielo, para ciscarse en la madre que parió al inventor de la máquina y para jurar venganza eterna, que a veces se cumple, tal y como sucedió recientemente con los funcionarios de la CIA que un suicida se llevó al otro barrio. Lo mismo puede decirse de los palestinos asfixiados por el cerco implacable del ejército israelí, cuyo último acto de crueldad y chulería consiste en impedir la entrada de algunas ONG. Tengo comprobado que el odio alimenta la esperanza de vengarse, que es casi tan primitiva como la de comer. Aun recuerdo la jarana que montaron en Gaza algunos grupos palestinos el día en que unos asesinos sin paliativos tumbaron las Torres Gemelas provocando dos mil muertos. Todavía me suena el pésame envenenado de Fidel Castro diciendo que los cubanos sabían lo que era el dolor del terrorismo porque ellos mismos habían sufrido el zarpazo que, según él, les había dado la CIA poniendo una bomba en el avión que trasladaba al equipo olímpico del país. ¿Barbaridades? Sin duda. Pero es la condición humana, capaz de convertir la rabia en un asidero fantástico para mantener la esperanza de que alguien devuelva en tu nombre alguno de los garrotazos que has sufrido.

Pero los haitianos no tienen ni siquiera el recurso al odio ni pueden alzar el puño pidiendo cuentas al cielo, porque ha sido la tierra quien se ha tragado sus magras pertenencias y su esperanza. Por favor, no me digan que todos los ‘bombardeos’ son iguales.

23 Ene 2010

CIERRE PATRONAL

He dejado transcurrir deliberadamente las primeras semanas del año para ver qué pasaba con las predicciones del presidente de la Federación Regional de Municipios hechas en este mismo periódico sobre el futuro inmediato de varios consistorios. El titular de la noticia era que “Algunos ayuntamientos deberán cerrar en el 2010 al no poder afrontar los pagos”. Coño, me dije yo a mí mismo, ahora es cuando veo que la crisis es tan cierta como la luz y, desde luego, mucho más real que esos brotes que el Gobierno siempre ve y que los demás no acertamos a distinguir. ¿Qué será de nosotros si se cierran los ayuntamientos? ¿Quién cobrará los impuestos municipales? ¿Quién barrerá las calles o conducirá esos multacar tan graciosos que nos fríen a recetas? ¿De dónde saldrán los dispendios para actuaciones en ferias? ¿Qué será de los funcionarios? ¿Quién echará sal en nuestras calles cuando la nevada arrecie? En fin, una montaña de preguntas y ninguna respuesta, porque el asunto es demasiado enjundioso para un pardillo como yo.

Mi parte más confiada me decía que no era posible que tal cosa sucediera porque los ayuntamientos existen desde siempre, y hasta donde servidor sabe nunca quebró ninguno, entre otras razones porque de ellos vive mucha gente, empezando por los funcionarios y siguiendo por los políticos, o al revés. Sin embargo, mi parte más desconfiada me llevaba a pensar que las declaraciones del señor García Nieto eran una forma de irnos preparando para una nueva subida de impuestos que garantice los puestos de trabajo de ambos colectivos, entre otras cosas. Vamos, un pedigüeño que empieza despertando lástima y acaba pasando la gorra. Como soy un poco cabrito, ya veía a algunos alcaldes vendiendo pañuelos en los semáforos, sentados en la acera con un cartón al pescuezo explicando sus males, o tocando ‘La cumparsita’ a la puerta del templo. La imaginación me permitió dibujar a uno de esos ediles que se han gastado tanto en comidas como en aceras, diciendo a los viandantes que ‘es muy triste pedir, pero más triste es tener que robar para comer’. Muy serios, eso sí, que en caso contrario la cosa no funciona. También pensé que siendo del PP el señor García Nieto, su misión principal era socavar, todavía más, la credibilidad del gobierno. Ya sé que estas cosas no suceden entre políticos serios que tienen obligación de resolver, juntos, el marronazo de la crisis, pero no tengo muy claro que los haya en España en este momento.

A lo mejor se acaba produciendo el cierre patronal de algunos consistorios, pero, ¿qué quieren que les diga?, pues que no tiene ni pies cabeza que echen la verja unas empresas que pagamos entre todos varias veces al año, y que por no tener ánimo de lucro tampoco deberían tenerlo de quiebra. Vamos, don Miguel Ángel, que sería la honra del pueblo que con la cantidad de pasta que soltamos tuviéramos que llevar nosotros mismos la basura al vertedero.

16 Ene 2010

IMPORTACIONES

Mi amigo Fernando Franco (nada que ver con su homónimo de piernas cortas y mala leche a raudales), cada día me enriquece más con su sabiduría. Hombre ilustrado, profesor universitario y apegado al terruño por afición y tradición, me cuenta cosas que yo, capitalino sin raíces, pasaría por alto incluso aunque las tuviera delante de los hocicos. La última vez que nos vimos, se destapó hablando de los curas, pero no en esa línea que tanto me gusta a mí, que soy anticlerical y medio ateo, sino revelando detalles que ignoraba de ese sector profesional. Como, por ejemplo, la presencia cada vez más numerosa en nuestros pueblos de Castilla y León de sacerdotes extranjeros que llegan aquí para cubrir el hueco que han dejado libre sus colegas españoles, escasos y envejecidos para atender a la grey y repartir los auxilios espirituales que sean menester. Y aunque conocía la clamorosa falta de vocaciones sacerdotales que ha dejado vacíos los seminarios, nunca pregunté cómo se las apañaba la Iglesia Católica para reparar el alma de sus creyentes y perdonar sus pecados.

Y fue Fernando quien me contó que el problema se ha resuelto trayendo a España curas extranjeros, lo que nos convierte en un país receptor similar a esos que cobran ayudas de la PAC. Así, supe que en Baquerín, Palencia, el cura que reparte las hostias que hagan falta, es negro. Negro del Congo. Negro, negro, vamos. O el de otro pueblo cercano cuyo nombre no recogí y que es polaco. Del mismo Polonia, o sea. Supe también que el primero se llama Deogracias (nombre apropiado donde los haya para tan santa misión), y del segundo lo ignoro todo, salvo que nació en el mismo pueblo que el anterior Papa.

Es posible que a muchos de ustedes estas cosas les parezcan naturales y exentas de importancia, pero yo me quedé a cuadros. Para mí fue una desilusión enterarme de que hemos dejado de ser cantera sacerdotal para convertirnos en un país que importa sotanas para dar auxilio a quienes esperan reconciliarse antes de estirar la pata o encontrar una vida mejor al cerrar los ojos. Resulta curioso saber que si no fuera por los polacos o los congoleños algunos se irían de patitas al infierno por falta de una bendición de última hora, póliza imprescindible para morirse con los deberes hechos. ¿Dónde han quedado las creencias de varias generaciones de españoles destinados a ser los propagandistas de la fe? Y, lo que es más llamativo, ¿tendremos jeta de pedir por los infieles sacando a la calle huchas con cara de chino con pagoda en la cabeza, de indio americano con coletas, o de negro de pelo rizado, sabiendo que igual este último es un antepasado de don Deogracias, que ha venido a España a pedir por nosotros?

Si no fuera porque ese cura hace bolos por los pueblos y no será fácil de encontrar, el domingo que viene me iba en su búsqueda para besarle la mano y para pedirle que me diera una estampita.

Como antiguamente.