Sí, amigos, porque después de casi dos meses en Irlanda, acabas siguiendo el dicho este de “dónde fueres haz lo que vieres”. De hecho, la expresión “hacer el gamberro” ha sido sustituida por “hacer el irlandés”. Y ya no lo sólo por tener que hacernos saltadores profesionales de vallas por las nuevas normas que les da por cambiar a los de Corrib (mi residencia) si no porque hasta tus compañeras del equipo universitario de baloncesto te empujan a ello con perlas como “go and drink like we do!” (¡sal y bebe como nosotras lo hacemos!).


Bien, casi un mes sin escribir por aquí, y casi un libro que contar. Por suerte, tengo un calendario magnífico donde lo apunto todo, así que seguiré los acontecimientos por ése orden.

Lo primero es decir que cada vez estoy más convencida de que aquí en general están locos, como bien diría Obélix. Resulta que para elegir un seminario tienes que estar haciendo cola desde las 3 de la mañana aunque las puertas no las abran hasta las 9, como hicieran mi trío de amigas italianas. Nosotros, que sabíamos que no llegábamos los primeros a las 8,30, pero tampoco pensamos que podríamos ser los últimos, nos quedamos en shock al ver que la cola era más grande que para ir a un concierto de AC/DC. Y todo para coger una y exclusivamente UNA asignatura, un seminario con clases reducidas y seguimiento, en teoría, más personalizado. Una cola que duró dos horas hasta que el numero 226 (el mío) pudo entrar a elegir el seminario que por curso me tocaba. “History of the English Language” suena pesado, pero después de ver que seminarios con nombres peores se acababan, perdíamos la esperanza. Por suerte, o por desgracia, pudimos cogerla, y ahí que voy a clase. Dos horas infumables a la semana con un profesor que habla en todos los idiomas menos en inglés. Qué dura la vida del estudiante.

Seguiré con otra de las locuras de este país, la más representativa de la juventud de aquí. Hace como dos semanas hice la primera llamada que jamás he hecho al 112. Es, como bien habéis adivinado, el número de emergencias, que afortunadamente es el mismo en toda Europa. Todo ocurrió cuando, un viernes cualquiera, cansados, decidimos volver a casa antes de que nos tocara saltar. Ya vamos descubriendo pequeños atajos que nos reducen el camino, y uno de ellos es de los que menos tránsito tienen. Como volvemos siempre en grupo, no hay problemas de seguridad. Pero, cuál fue nuestra sorpresa cuando, tirada en el suelo, vimos a una chica que rondaría los veinte años (como ya luego nos confirmó) en un estado de embriaguez tal, que si la preguntabas cómo se llamaba, no te entendía (y éso que el que preguntaba era irlandés). Al principio nos pareció una situación cómica, una vez que te acostumbras a ver tantísimo borracho suelto, no te sorprende nada. Pero aún así no ibamos a dejarla ahí. Después de un rato de intentar levantarla, contestar a las llamadas de sus amigas, casi tanto o más borrachas que ella, o las de su madre preocupada, llamé al 112, esperando ser capaz de explicarme. Nada más colgar, apareció la Garda (la policia de aquí) y se la llevó a casa. Nunca antes me había encontrado en esa escena, nunca nadie tan solo, ni tan borracho. Al final, para completar la noche, se nos hizo tarde y nos tocó desencajar la valla de la maldita Corrib, para poder entrar sin tener que dar el inmenso rodeo. Y éso que Corrib, teóricamente, está plagado de camaras de seguridad (bueno, Corrib y la facultad, y las calles principales, y la biblioteca, y la farmacia, y...), y de cartelitos por doquier que te avisan: “CCTV is watching you!” (¡TV en circuito cerrado te vigila!).

Tanta cámara y tanta historia para que aquí en Corrib Village el deporte oficial de los “freshers” sea el “Ironing Board Surfing” (surfing con tabla de planchar). ¿Que en qué consiste? Muy fácil: Coge una tabla de planchar, de ésas que aquí no utiliza nadie. Inclínala sin que se resbale en las escaleras de un edificio cualquiera de Corrib Village. Siéntate con cuidado de no caer tú antes que la tabla. Si vais dos en la misma tabla, no vayas el primero. Date un impulso y déjate caer. Y éso es básicamente. El problema es cuando vas con demasiado cuidado y se te engancha el pantalón, la camiseta y todo lo enganchable en la tabla, te levantas y ves que la camiseta no ha sufrido mucho, pero el pantalón tiene un siete perfecto. Así que como ir enseñando ahí donde la espalda pierde su casto nombre no está muy de moda todavía, he aprendido a coser.

Y éso es todo por ahora. Ya soy capaz de llamar al 112 en un país con un acento imposible. Además, voy aprendiendo las costumbres del lugar “haciendo el irlandés”. Y como consecuencia, he aprendido también a coser. Supongo que, por lo menos, mi madre estará orgullosa de mí.

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Después de una semana más desde que escribí el primer post, tengo que decir que me han engañado. Aquí ni llueve ni los irlandeses son unos alcohólicos. Bueno, éso pensaba hasta que, el mismo domingo que lo escribí, en Corrib hubo una revolución. Sí, porque más que una fiesta fue una revolución. ¿La razón? Los “freshers”, es decir, los de primer año habían llegado. Y tenían que hacerse notar. Si nuestro gobierno supiera lo que es una fiesta aquí, se dejarían de tanta prohibición de botellón.

Todo empezó una bonita tarde de domingo, cuando mientras tranquilamente disfrutaba de un té de Tesco, noté que llegaba mucha gente nueva a la residencia. Jóvenes y “jóvenas” con sus padres y hermanos pequeños, mucha maleta y mochila, felices y a la vez tristes por no volver a ver sus familias diariamente... Hasta que cayó la noche. Los jóvenes dulces e inocentes que parecían cuando dejaban su equipaje con sus padres se transformaron en destructores en potencia, peligrosos borrachos que con cerveza en mano eran capaces de hacer cualquier cosa. Y los Erasmus, ésos estudiantes que parecen irse a otro país sólo para emborracharse, flipando. Flipando.

Cuando la fiesta llevaba ya unas tres horas, decidimos bajar a ver el jaleo. Una lata de cerveza y un escudo protector contra el humo de los extintores nos acompañaron en nuestra empresa. La pena fue que cuando llegamos la “Garda” (la policía irlandesa) ya estaba allí, echando a todo el mundo. Otro Erasmus me contó que había bajado poco antes que nosotros, porque le había sonado la alarma de incendios, y llamaron dos chicas a su puerta. Las dos irlandesas se colaron como Pedro por su casa, y empezaron a gritar que si no tenían mesita era porque ellas la habían roto el año pasado, y que mira que tiene una lámpara nueva.

Volviendo al jaleo de la calle, la policía se acercó hacia nuestro discreto grupo. Uno tenía una lata a medio acabar, y a la policía, que no se le debió de ocurrir otra cosa, le dijo: “Drink ish!” lo que viene a ser “bébetela” con acento irlandés. Así que ya veis, aquí no te obligan a tirar la cerveza, sino a bebértela. Como diría Obélix “están locos estos irlandeses”.

Al día siguiente, nos llegaron a todos circulares con prohibiciones, y a partir de ahora apenas podríamos respirar. Y nosotros, los Erasmus, no teníamos culpa de nada.

Ése mismo lunes, coincidiendo con el día de la Independencia Mexicana, nos invitaron a cenar comida típica de allí para celebrar que México se librara de España hace tropecientos años. Nos echamos las risas con el temita, pero la cena fue muy tranquila, bañada con buen tequila mexicano y Coronas (Coronitas en España).

Pero lo mejor de la semana fue sin duda las Beer Olympics, como ya predije. ¿Que quién ganó? Creo que no es muy difícil averiguarlo: España, por supuesto. Después de tres pruebas, las tres más de habilidad con los vasos que “cerveciles”, y una tensión que parecía que nos jugábamos la vida, acabamos cantando eso de “Yo soy español, español, español”. A lo mejor los que estamos locos somos los españoles...

Y ayer, Clubs' Day, un día en el que te puedes apuntar a todos los clubes de deporte que ofrece la universidad, por un módico precio inscripción de 2€. Se me pasó por completo, yo, que sin deporte no puedo vivir. Pero aunque llegara cuando ya apenas quedaban clubes, me dio tiempo a apuntarme al Sailing Club (club de vela) para ir a una barbacoa esta misma tarde, y de paso pensarme si quiero hacer vela en enero con frío y lluvia como compañeros...

Y hoy, Societies' Day. Lo mismo que en el Clubs' Day, pero con asociaciones de estudiantes de casi todo lo que te puedas imaginar, más comida gratis si buscas bien... Sólo diré que me he apuntado en tantas, que apenas me acuerdo de alguna, aunque la española y la Nothing Specific Soc (asociación de nada especial) no podían faltar. No me preguntéis qué se hace en esta última, porque cuando les he preguntado su respuesta sólo ha sido: “have fun!” (¡pasarlo bien!).

Así que así están las cosas. Una semana sin una gota de lluvia y un sol espléndido. El compromiso de reconocimiento académico a punto de caramelo. Una traducción y un “essay” para esta semana. El CV en inglés, mejorado y ampliado, imprimido y listo para patearme la ciudad en busca de algo para pagar los vicios que padres me critican. Pero prometo que, aunque lo parezca, yo no soy irlandesa.

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4 fiestas en pisos, 2 organizadas por la International Society, una fiesta española pendiente, y las Beer Olimpics este viernes, más escasez de comida y líos de horarios suman un Erasmus.

Empezando por el principio, no hay mucho que contar, porque hay demasiado. El viaje, complicado, pero sin problemas. Curioso ver que en el aeropuerto de Madrid a los fumadores se les mete en cárceles de cristal. O pensar que tu residencia parece una cárcel y entrar en otra que realmente lo es. Por lo menos la mía, Corrib Village, es saltable. Como nos tocó hacer el sábado pasado, porque cierran la verja trasera a las 3, y por no dar toooda la vuelta...

Europeos, asiáticos, algún africano y gran mayoría de americanos formamos el grupo de Visiting Students que según qué versión somos 700 o 1000. Lo que está claro es que las más lanzadas somos nosotras, ya que hay un 70 por ciento de chicas. Los chicos encantados, claro. Y también los novios de las chicas que siguen en casa...

Pero lo que me encanta es la diversidad. Y ver que realmente no somos tan diferentes. Bueno, vale, puede que Johnny, un coreano de nombre impronunciable, se levante casi a la hora a la que yo me acuesto, pero luego bebe Guinness como cualquier nativo.

El día de la eterna conferencia, el primer día, hubo un karaoke en el College Bar. Porque en el mundo anglosajón toda universidad que se precie tiene un bar, enorme el de NUI Galway por cierto. Y los que más cantaron fueron los americanos. ¿Dónde estaban los españoles? Pues esperando, al final no pudimos cantar, porque la cola era enorme, y aquí los bares cierran pronto...

Al día siguiente, viernes, entre otras charlas eternas, y hacer algo de compra para sobrevivir, acabamos todos tan cansados que no salió nadie. Y en Valladolid, de fiestas. Mejor era no pensar en ello, y organizar nuestra primera fiesta. En casa de un español, por supuesto. De mi compañero de clase de hecho, Jairo, este que sin una cerveza en la mano no es él. Yo, para variar, llegué tarde, y resulta que ya había 30 personas en un piso que no es precisamente grande... Para cuando decidimos ir al centro, eramos unos 60. O a lo mejor estoy exagerando. Fuimos al King's Head, el pub de Galway por excelencia, con un decorado muy agradable y acogedor, como todos los bares de por aquí. Y luego fue cuando nos tocó saltar la valla.

Los días entre semana, que deberían ser rutinarios, no lo son para nada. Cuando tenga un horario coherente os lo diré, pero lo que es ahora me temo que tendré que coger sólo 2 asignaturas, y 6 para el segundo semestre. Empiezo a entender por qué dicen que de Erasmus se vive muy bien. Pero de todos modos, como mi beca es bastante escasa, y no quiero broncas de los progenitores, me buscaré un currillo por ahí. Que la vida aquí es más cara que en Londres. Y ahora no estoy exagernando.

El miércoles tuvimos otra fiesta, organizada por la International Students Society. Un fiestón la verdad, que no lo hubiera sido sin un previo que hicimos en otra residencia, Dúnáras, que esta un poco a tomar por. Cuando ya después llegamos al hotel donde se celebraba la fiesta (sí un hotel), estaba lleno de gente, todos con una pegatina con su nombre y el país de donde vienes. A mí en realidad me daba igual, porque no hay nadie capaz de pronunciar mi nombre, a menos que sea español o italiano. Y cuando digo que soy de España, tampoco me creen...

Y en el fin de semana, 3 fiestas. 2 el viernes y 1 el sábado. Todas salen muy bien, ya que aquí la verdad todo el mundo va de muy buen rollo, y te ríes por cualquier tontería o confusión con el idioma. Lo que nos hemos podido reír con las diferencias de significado entre el español de España y el de México. Aunque éso mejor lo censuro, que la mayoría de nuestras palabras más usadas(como coger, chaqueta, fresa...) tienen connotación no apta para niños.

Y ya por delante me queda:
-Organizar el caótico horario.
-Buscarme un currillo, lo que implica traducir el CV.
-Quitarme a moscones plastas de encima (éso no cambia, sea el país que sea).
-Y ganar las Beer Olimpics representando a ¡España! ¿Que cómo va a ser? Pues ni siquiera yo todavía lo sé. Pero está claro que los de Pucela podemos con todos. Aunque sean irlandeses.

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Sobre este blog

Me llamo Raquel y estoy de Erasmus en Galway, Irlanda. Llueve mucho y no paro en casa, así que me gustarí­a unirme para desmentir si los irlandeses son tan borrachos como dicen.

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