02 Feb 2009

Dios estaba allí

Unos autobuses circulan portando en sus laterales una publicidad calificada como atea: "Puede que Dios no exista" vienen a decir, más o menos, para seguidamente invitar a la gente a darse la gran vida sin respetar ninguna norma. Quiero adelantar mi opinión, siempre condicionada por el respeto a las ideas de los demás; lo que significa que nada tengo contra quien quiere gastar su dinero en propagar una tontería como la colocada en la carrocería del transporte público, y por lo mismo acepto la réplica de los que pagan unos carteles en los que se llama a la gente a disfrutar de la fe. Llego a la conclusión de que el tema interesa.

Me sitúo ahora en una ceremonia celebrada recientemente en la ciudad de Washington, en presencia de más de dos millones de personas y seguida masivamente en todo el mundo por medio de la televisión: el momento en que se hace realidad el juramento del nuevo presidente de los Estados Unidos de Norteamérica y el hecho de que Barack Hussein Obama sea de raza negra, precisamente en un país en el que hace unos años la gente de color tenía prohibido el acceso a lugares y vehículos ocupados por los blancos. Bastaría esa revolución ideológica aceptada democráticamente en el país más poderoso de la Tierra para que la ceremonia del 20 de enero del 2009 constituya un imborrable hito histórico. Les confieso que permanecí durante horas pendiente de la pantalla informativa, plenamente consciente de que presenciaba un momento trascendental.

Ahora puedo rememorar algunas de las sensaciones que fui experimentando a lo largo de la extensa ceremonia: por ejemplo, la solemnidad y la sencillez, como si se tratara de un acontecimiento normal de toma de posesión del vecino responsable que releva al vecino que tuteló los intereses de la comunidad durante los años anteriores; uno y otro sonrientes, educados, saludando a los que fueron vencidos en las elecciones, atentos a los acompañantes familiares, sobre todo a la esposa y las niñas del nuevo presidente. Aquel desfile de personalidades se interrumpió de pronto para que se escuchara en el Capitolio y en la inmensa explanada abierta hasta el Obelisco la voz de un pastor religioso? ¿Sería posible? Unas palabras llenas de unción y que culminaron con la sencillísima oración al Padre pidiendo el pan de la fe, llegaban entre el ondear de las banderas a cientos de miles de seres humanos de todas las razas y religiones, y también a los que no creen en nada pero están formados para respetar ese sentimiento de la inmensa mayoría, el mismo que llevó al nuevo presidente a jurar el cumplimiento de sus responsabilidades sobre una Biblia, el mismo que dictó su discurso y dentro del texto esa frase «con la ayuda de Dios», que fue expandiéndose como una ola a lo largo de la avenida de Pensilvania para luego extenderse por todos los Estados de la Unión, y desde Canadá a Tierra de Fuego, por los cuatro puntos cardinales de la vieja Europa, en toda la inmensidad de Asia y saltando alegremente de isla en isla de la Oceanía para llegar a todos los lugares del continente africano, precisamente del que salieron los antepasados de Barack Obama para que con éste se demostrara que Dios es realidad viva en todas las partes.

En el silencio del garaje donde descansan los autobuses urbanos en los que se ha querido colgar el letrero invitando a la duda, luce una pequeña lámpara junto a la caseta del vigilante. Por allí está Dios.

Sobre este blog

Avatar de Jerónimo Gallego  Pérez, nacido el 2 de sdeptiembre de 1925

Blog con nombre propio

Jerónimo Gallego es abogado y periodista

ver perfil »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

Últimos Comentarios