Todo tiene su fin y mi estancia en Perú no iba a ser de otra manera. Tal vez por eso, porque en el fondo sabía que antes o después iba a regresar a mi tierra por lo que apenas me ha dado tiempo a echarla de menos.
He de decir que la amabilidad y la acogida por parte de todas las personas que me han rodeado ha sido increíble y ha superado, y con creces, los límites que una pucelana, de pura cepa, puede imaginar.
Un recuerdo que nunca olvidaré y por lo que estaré eternamente agradecida se lo debo a la familia Baca que regenta el establecimiento Skafé y que sin apenas conocerme tuvieron un gesto que me dejó sin palabras: fui invitada a pasar la cena de Nochebuena del 2008 con ellos, en familia, en su casa.
Porque son este tipo de experiencias, de oportunidades que te brinda la gente, las que te diferencian del típico turista, que al igual que tú visita y toma fotos de todo aquello destacable pero no capta, generalmente por las prisas, la esencia de su cultura, el sentir de sus gentes.
Gracias a Ody y su esposo, que me invitaron a su matrimonio (mis primeras cumbias bailadas!!) y a mis compañeros de trabajo. Patas, ya, para toda la vida: por amenizar las eternas reuniones de trabajo y acogerme en vuestras conversaciones posteriores con unas chelas.
Eternamente agradecida a todos aquellos que se animaron y cruzaron el charco para visitarme. Supuso un gran aliento y me dieron fuerzas para continuar.
Solo me queda decir que sin lugar a dudas esta ha sido la experiencia de mi vida, tanto profesional como vital, así que todo aquel que tenga una mínima oportunidad de ver mundo, de verdad, sin prisas y con posibilidad de recrearse en los detalles, sea donde sea, que la aproveche. Que la vida es muy larga.
Gracias a todos. Al Norte por facilitarme la posibilidad de expresarlo y a todos vosotros por leerlo y, de vez en cuando, comentarlo.
Desde hace un tiempo vengo pensando en la posibilidad de dedicar uno de mis post a la tan ansiada y pomposa fiesta de los 15. Sin embargo, mi compañero Juan Domingo desde Tucumán se me ha adelantado retratando a la perfección esta fiesta difícil de digerir por lo superficial que se tornado. Por lo visto es una celebración, que aunque importada de EE.UU. ha sabido calar muy hondo en buena parte de los países latinoamericanos.
Y cuando algo triunfa en la sociedad es poco habitual que la publicidad no se aproveche de ello. Me refiero a la última campaña publicitaria del BBVA (en Perú conocido como Banco Continental). Hasta este momento los spots publicitarios de bancos trataban de reflejar las esperanzas de la típica pareja de enamorados que se van a vivir juntos, del estudiante que quiere labrarse un futuro o del empresario que tiene una idea y que, ¡cómo no!, necesita el dinero que no tiene para cumplirlo.
El anuncio del BBVA Banco Continental basa las ilusiones más profundas de un padre en conseguir que su casa tenga una altura más y así lograr ver bajar a su hija por las escaleras el día de su fiesta de los 15 (típica imagen de las películas americanas)Y para eso… debe de pedir un crédito al banco.
Es curioso comprobar cómo los anhelos, deseos u objetivos (más superficiales) de una sociedad están perfectamente plasmados en la publicidad que consumen.
Navegando por Youtube para encontrar el susodicho vídeo e ilustrar lo dicho, me he topado, con el anuncio que considero, el mejor de todo 2009 en Perú, por su sencillez, su pegadiza sintonía, y como no podía ser de otra manera, porque patrocina a una empresa, creo que española, de toda la vida, Páginas Amarillas.
De esta forma tan curiosa aluden los peruanos a los difuntos. Incluso en asuntos tan delicados y sublimes como este, ellos, a través del lenguaje son capaces de mostrar ese carácter entrañable, cariñoso y cercano que tanto les caracteriza. Y así, con el uso constante de diminutivos, consiguen humanizar temas tan trascendentales como la muerte.
Pero no menos sorprendente es su manera de convivir con la muerte. Desde la celebración del 1º de noviembre, festividad de Todos los Santos, hasta el ceremonial del entierro. Es cierto, que en esencia todos partimos de una base común, el rendir tributo a los seres queridos que han pasado a mejor vida y que ya no están con nosotros. Lo que varia es la forma.
Como este no es el país de las prisas, se pueden permitir el lujo de utilizar toda una mañana para transportar el féretro hasta el campo santo. Y ¿cómo es posible esto? Porque lo trasladan a hombros, a paso…. lento, desde la iglesia donde se ha celebrado el funeral hasta el lugar donde recibirá el descanso eterno. Todo ello acompañado por una banda de música, sí, han oído bien, una banda de música que ameniza el trayecto, y que si bien es difícil creer que lo que tratan es de alegrar, la música (que es siempre la misma) tiene un ritmo y una sonoridad pegadiza, agradable, que lo que menos denota es luto.
Esa cercanía de la que hablaba al principio tan propia del peruano también está presente en el Día de Todos los Santos. Éstos acuden al cementerio en familia y la intención es pasar el día con su difunto. Así que, forman un semicírculo en torno a la lápida, hablan con él, e incluso comen allí . Y quien se lo puede permitir lo agasaja con la contratación de un violinista que toca para el difunto.
A simple vista parecería que tal comportamiento es consecuencia directa de no haber sido capaces de asimilar dicha muerte o que ésta es muy reciente, sin embargo, esta forma tan curiosa es la que tienen de demostrar a sus muertitos que a pesar de su ausencia siguen presentes y se les tiene en cuenta.
Ayacucho puede presumir de contar con una universidad pública que abastece las necesidades educativas de una población eminentemente joven. Y recalcamos lo de pública porque aunque parezca ilógico, Perú cuenta con 77 universidades de las cuales 46 son privadas, siendo este uno de los muchos rasgos que se afanan en aumentar la distancia de la desigualdad en el país.
Considerada una de las más antiguas del Perú, la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga UNSCH, es el orgullo de toda la comunidad ayacuchana, aunque su satisfacción hace aguas en el momento que se pretende profundizar e ir un poco más allá de la mera apariencia que se pretende dar.
Es cierto que el número de alumnos, de especialidades y de títulos es variado, sin embargo, las carencias son múltiples y de diversa índole, predominantemente técnicas: falta de recursos, de inversiones, de infraestructuras dignas….

Existe un profesorado cualificado y una asistencia casi masiva de alumnos. Pero es necesario un empujón, que no tiene que ser solo económico sino de sincera voluntad de relanzar esta Universidad como una auténtica Casa del Saber que de buen cobijo a sus huéspedes.
Y utilizo la palabra cobijo porque ni siquiera las instalaciones existentes pueden proteger de las inclemencias del tiempo a todos aquellos que hacen un esfuerzo por asistir a las lecciones. Y lo digo con todo el convencimiento, ya que hace unos meses fui invitada por un profesor de Historia a asistir a una de sus clases e impartir otras y la situación era lamentable. Puertas descuadras, ventanas rotas, techos descubiertos, acompañado de las sillas más incómodas que he probado en mi vida….
Sin embargo, he de decir que todos esos “detalles”, a los que al final te acabas acostumbrando fueron encumbrados por el interés, la asistencia y el enorme respeto que en clase imperaba: Jamás había visto a un alumno pedir permiso para hablar o agradecer a un profesor que corrigiera un mal comportamiento de un alumno.
A nosotros nos sobran aulas multimedia, ordenadores portátiles, kilos de libros… pero nos falta lo más importante, eso que no se logra con inversiones: el interés, motivación y respeto perdido.
Ante la insistencia de varias personas en conocer la apariencia actual de la madre Covadonga he decidido dedicar un nuevo post a su figura y aprovechar para dar, así físicamente, a conocer a la “madrecita” dominica, que si por algo se ha caracterizado es por dar la cara siempre.
Es curioso comprobar como estamos inmersos en la sociedad de la imagen. No somos nadie sin el soporte gráfico que nos ilustre, y de paso ponga en su sitio a la imaginación (si es que alguna vez la usamos). No es ningún reproche. Simplemente nos han acostumbrado a ello. Ya nos lo advertían en la facultad: una noticia pierde valor, prestancia e incluso credibilidad si no va acompañada de una foto que corrobore lo dicho.. Nos guste o no, todo nos entra por los ojos.
Puestos a dedicar todo mi articulo a una imagen voy a tratar de analizarla... no tanto por lo que muestra sino por lo que dice. Es inevitable pensar que estamos frente a una persona con una cierta edad (como ya comenté, octogenaria) a la que el paso del tiempo le está mermando las fuerzas, aunque trata todavía de asistir a aquello que más requiere de su presencia. En esta ocasión, la celebración del Domingo de Ramos desde el balcón que el Centro Cultural de la Universidad le cede.

Conversar con ella es un autentico lujo. No solo por su testimonio sino porque aún su memoria le permite narrar con todo detalle aquellas secuencias escalofriantes que muy pocos vivieron junto a ella y que demuestran el coraje de una mujer que nunca abandono al pueblo que más la necesitaba
Existe una gran variedad de criterios a la hora de definir qué personas o instituciones han hecho verdaderos esfuerzos y trabajos desinteresados por mejorar la calidad de vida de los más desfavorecidos.
Existe una gran variedad de criterios a la hora de definir qué personas o instituciones han hecho verdaderos esfuerzos y trabajos desinteresados por mejorar la calidad de vida de los más desfavorecidos.
Y es que no todos están a favor de la llegada de ongs a sus ciudades o núcleos de población. Muchas más ampollas levanta la aceptación de la cooperación internacional de tipo gubernamental. Las reacciones iniciares son siempre de desprecio y desconfianza. Pocas son capaces de entremezclarse con la población y ser reconocidas a pie de calle.
Sin embargo, yo puedo decir y asegurar que existe una persona, que es admirada, respetada y reconocida a todos los niveles por la población ayacuchana: la madre Covadonga. Conocida por todos cariñosamente como madre cova, esta religiosa dominica, española de 87 años, llegó al Perú hace más de 50. Una de sus mayores proezas consistió en permanecer en la ciudad en los años de mayor crudeza terrorista sin importarle el peligro que seriamente corría.
Siempre con los más débiles e indefensos creó, entre otras cosas, un hogar para niños discapacitados, porque como ella misma recordaba,
las pobres criaturas eran atadas a los árboles cuando sus padres marchaban al campo a trabajar.
Y para que éstos no molestaran ni supusieran un estorbo en el desarrollo de la chamba, preferían dejarlos inmovilizados en la vivienda a sabiendas de poder morir deshidratados por la dureza del sol.
Y no es solo sacar pecho por la satisfacción que da saber que una española se haya ganado la confianza, y en el fondo, el corazón de todo un pueblo, el ayacuchano, sino que las propias autoridades tanto locales, como nacionales han premiado con el reconocimiento su intenso trabajo y sacrificio hacia los demás.
Vivir en la calle. No me refiero al cuantioso número de personas que no tienen refugio para dormir bajo techo en esta ciudad y se ven obligadas a hacerlo en las aceras de mayor remanso, no.
En esta ocasión quiero dedicar mi post a todos aquellos, que por cierto, son la inmensa mayoría de la población de Ayacucho, que tiene y/o ejecuta su trabajo en la calle, padeciendo inevitablemente las inclemencias del tiempo y adaptándose a él de una manera admirable.
Por ejemplo, en época de lluvias (de noviembre a marzo, habitualmente) las trombas de agua caídas generalmente por la tarde, son tremendas. Lo inundan y llenan todo de barro, sin embargo, a la mañana siguiente todo sigue si ritmo normal, como si nada hubiera acaecido, a pesar de los evidentes destrozos, porque el estilo de vida marcado así lo impone. Que no es otro, que el de vivir al día. Ya que si quieres comer, hay que salir a la calle, a trabajar, y aquí no hay cabida a las lamentaciones.
La profesión más socorrida es la de vendedor, ya sea en el mercado o en las intersecciones de las calles principales, en los soportales de la plaza de armas o frente a los colegios, dependiendo del tipo de producto que ofrezcas, ya que la variedad es inmensa.
Esto te permite comer a media mañana una deliciosa rodaja de piña, perfectamente cortada y pelada, un marcianito (los típicos flashes de sabores) a la salida del cole o adquirir la última película de Brad Pitt al costado del edificio de Telefónica.
Es el apodo utilizado por una conocida presentadora de televisión peruana, especializada en temas de corazón y análisis de vidas privadas, para referirse a la farándula peruana. Una mezcla graciosa entre cholo (apelativo, inicialmente despectivo, para referirse al oriundo andino que en los últimos años ha adquirido una connotación especial, rozando lo reivindicativo) y la palabra Hollywood, que no necesita de explicación
La mencionada conductora no es otra que la archiconocida Magaly Medina, y no precisamente por su rigor periodístico. Una señora que ha desafiado con gran descaro los límites del honor y la intimidad hasta el punto de ser condenada, y dar con sus huesos en la cárcel, por dichos actos. Especialmente por el último, cuando acusó al jugador de fútbol Paolo Guerrero de estar de fiesta acompañado de una señorita que no era su pareja cuando debía de estar concentrado con el equipo de su selección, asegurando que su bajo rendimiento se debía a esto.
El deportista logró que la “urraca” (llamada así por su semejanza) fuera condenada a 5 meses de cárcel por difamación y lo más importante, introdujo el debate en la opinión pública sobre los límites de la libertad de expresión y se demostró que la justicia peruana era capaz de hacer frente al huracán de la prensa rosa, estableciendo los límites, antes de que éstos fueran traspasados tan basto número de veces que quedaran difuminados y fuera imposible penarlo, como está sucediendo a pasos agigantados en nuestro país.
Lo curioso es que esta gente nunca baja la cabeza, no se siente avergonzada de sus actos y logran sacar fuerzas de flaqueza y el mayor rendimiento, sobre todo económico a cada una de sus situaciones. Y así es como Magaly ha presentado su libro donde relata su paso por prisión y se jacta de la figura que se le ha quedado. Vamos, que no hay mal que por bien Cno venga, aunque esto suponga pasar por la cárcel. ¡Qué frivolidad!

caricatura de Mario Moreno
Es el apodo utilizado por una conocida presentadora de televisión peruana, especializada en temas de corazón y análisis de vidas privadas, para referirse a la farándula peruana. Una mezcla graciosa entre cholo (apelativo, inicialmente despectivo, para referirse al oriundo andino que en los últimos años ha adquirido una connotación especial, rozando lo reivindicativo) y la palabra Hollywood, que no necesita de explicación
La mencionada conductora no es otra que la archiconocida Magaly Medina, y no precisamente por su rigor periodístico. Una señora que ha desafiado con gran descaro los límites del honor y la intimidad hasta el punto de ser condenada, y dar con sus huesos en la cárcel, por dichos actos. Especialmente por el último, cuando acusó al jugador de fútbol Paolo Guerrero de estar de fiesta acompañado de una señorita que no era su pareja cuando debía de estar concentrado con el equipo de su selección, asegurando que su bajo rendimiento se debía a esto.
El deportista logró que la “urraca” (llamada así por su semejanza) fuera condenada a 5 meses de cárcel por difamación y lo más importante, introdujo el debate en la opinión pública sobre los límites de la libertad de expresión y se demostró que la justicia peruana era capaz de hacer frente al huracán de la prensa rosa, estableciendo los límites, antes de que éstos fueran traspasados tan basto número de veces que quedaran difuminados y fuera imposible penarlo, como está sucediendo a pasos agigantados en nuestro país.
Lo curioso es que esta gente nunca baja la cabeza, no se siente avergonzada de sus actos y logran sacar fuerzas de flaqueza y el mayor rendimiento, sobre todo económico a cada una de sus situaciones. Y así es como Magaly ha presentado su libro donde relata su paso por prisión y se jacta de la figura que se le ha quedado. Vamos, que no hay mal que por bien no venga, aunque esto suponga pasar por la cárcel. ¡Qué frivolidad!
Son muchas las veladas vividas en torno a un mate de coca o una simple chela iniciadas generalmente con un tema banal que terminan irremediablemente desembocando, siempre en lo mismo: esos años de miedo constante.
Y no me quejo porque pueda resultar repetitivo hablar siempre de lo mismo, pero está tan presente aún en la memoria de toda la población ayacucha los años “de violencia” (término utilizado por ellos mismos para referirse a la etapa de terror impuesta por Sendero Luminoso) vividos con mucha intensidad durante casi dos décadas. Etapa que curiosamente se agravó con la llegada del ejército para tratar de solucionarlo, porque supuso que toda la población tomara parte en el conflicto de una manera tajante. Así que los ajusticiamientos públicos, los chivatazos y demás persecuciones estuvieron a la orden del día durante largo tiempo.
A una persona como yo, de la generación del 80`, le es muy difícil tener una concepción global con recuerdos de lo que supuso la guerra civil en España, básicamente por el factor temporal. Pero aquí, en Ayacucho, todo el mundo, cualquiera tiene algo que contar, generalmente desagradable que lo marcó y que cada vez que se junta con personas de su confianza tiene la necesidad de expulsar.
Y esa ansia por demostrar todo lo que vivieron aquellos que no pudieron marcharse es palpable. Sí, porque todas aquellas familias con recursos emigraron, la mayoría de ellas a Lima, donde las únicas muestras de terrorismo se plasmaron en sabotajes a estaciones eléctricas. Nada que ver con el toque de queda impuesto en la ciudad de Ayacucho (nuestra Secretaria, la señora Rosa, tuvo que aguantar los dolores de parto hasta la mañana siguiente porque no se permitía salir de casa, ni siquiera al hospital), el asalto a la cárcel o las hileras de muertos que aparecían por la mañana en las calles fruto de las refriegas de la noche anterior.
Son vivencias escalofriantes, contadas en primera persona que no dejan indiferente a nadie y que demuestran, a pesar de la ignorancia de Europa por saber lo que ocurre en América, el coraje demostrado por una población que clama, sobre todo, ser escuchada.
Sobre este blog
Me llamo Raquel y actualmente vivo en Ayacucho, Perú. Trabajo como Gestora Cultural en el centro cultural de la UNSCH donde existe un convenio con la Agencia española de cooperación. Esta oportunidad me está permitiendo conjugar mis dos pasiones el Arte y el Periodismo.
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