Cuando la vida pierde su esencia

La salud suele ser uno de los aspectos que más valoramos, pues nos permite disfrutar de la vida durante más años, y eso verdaderamente no tiene precio. Pero, a cualquiera de nosotros nos podría pasar, que un día nos dieran la noticia de que la enfermedad se ha instalado en nuestro cuerpo de forma definitiva, y que nuestra salud empezará a empeorar, sin posibilidad alguna de mejora. Sabemos que hay enfermedades graves que pueden superarse con el tratamiento adecuado, pero lamentablemente hay otras que hoy en día no tienen cura y conllevan un inmenso deterioro, físico o mental. Es muy difícil saber cómo reaccionaría cada uno en ese último caso, ¿no os parece? ¿Qué haríamos si fuésemos conscientes de que hemos iniciado un camino sin retorno, cuyo único destino será el sufrimiento y la pérdida total de nuestra libertad?

Sería extremadamente duro ver cómo nuestras capacidades van mermando día a día, y asumir que un sufrimiento continuo se está convirtiendo en nuestro compañero cada segundo. ¿Podríamos seguir llamando "vida" a esa situación? ¿Querríamos continuar el camino y luchar, aun sabiendo que sólo irá a peor, o tal vez consideraríamos la opción de finalizarlo ya mismo y dejar de sufrir? Cuando llega una tormenta, siempre aguantamos el chaparrón, confiando en que terminará pasando, pero ¿y si fuese a durar siempre? Somos conscientes de que la vida tiene momentos duros que hay que intentar superar, pero cuando esas piedras del camino se vuelven insuperables y anulan todo resquicio de esperanza, ¿merecería la pena seguir? Cada persona tomaría una decisión en base a su carácter, sus creencias y su modo de entender la vida. Unos continuarían, por considerar que merece la pena luchar, y otros preferirían poner punto y final, porque si la vida pierde su esencia ya no merece la pena ser vivida.

Pero aún podemos subir a un escalón más dramático, que surgiría en el caso de que ni siquiera dependiese de nosotros tomar esa dura decisión, porque nuestro deterioro físico fuera tal, que no tuviéramos forma alguna de terminar con nuestra vida sin ayuda externa. Esa situación sería equivalente a estar condenados a una cadena perpetua de sufrimiento, encerrados para siempre en una sombría celda de tortura, de la cual no podremos escapar salvo si alguien nos entrega la preciada llave. Y lo peor de todo es que, desde nuestra cárcel, observaríamos que el mundo al otro lado de los barrotes continúa, y que muchas personas que ni siquiera nos conocen se dedican a opinar sobre si nosotros debemos mantenernos vivos o no, y algunos incluso tienen capacidad para decidirlo. Entonces pensaríamos, ¿qué saben ellos? ¿acaso se han visto en la misma situación? ¿cómo puede alguien valorar con criterio lo que nunca ha vivido? ¿por qué me condenan a una vida de dolor? ¿dónde está mi derecho a decidir con libertad sobre mi propia vida?

A los que disfrutamos de buena salud, nos resulta demasiado fácil opinar, pensar en lo que haríamos si nos viésemos en tal o cual situación, y tal vez criticar a los que han decidido continuar por un camino opuesto al que nosotros escogeríamos. Pero independientemente de cuál sería nuestra elección, es conveniente darnos cuenta de que cada persona debería ser libre de tomar sus propias decisiones, que pueden diferir de las nuestras. En estos temas, tras dar nuestra opinión, volvemos después a casa y continuamos haciendo nuestra vida normal, mientras que esas personas sobre las que hemos opinado con tanta ligereza siguen en su cárcel de sufrimiento, sin mayor esperanza que la muerte. Si de repente alguien llegase y nos obligase a quitarnos la vida, ¿qué nos parecería? Seguro que diríamos que nosotros somos libres de decidir, y preferimos seguir vivos, pues nadie tiene derecho a obligarnos a morir. Pero la moneda tiene otra cara, ¿tiene derecho un ser humano a obligar a otro a vivir, si ha decidido lo contrario? ¿quién nos ha otorgado ese derecho? Podemos acogernos a nuestras creencias y defender la vida por encima de todo, pero, ¿no tienen los demás derecho a tener sus propias creencias y actuar de acuerdo con ellas? Por favor, no observemos la moneda desde una sola perspectiva. Intentemos soltar esa cuerda con la que atamos a los demás y permitamos que sean libres para volar en la dirección que prefieran. Ya hay bastantes cadenas en el mundo, como para que nosotros aportemos una más.

18 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Juan M.

Juan M. dijo

Silvia. Creo que tu reflexión de hoy es muy interesante y que profundiza en un tema muy complicado: la eutanasia.
Considero que todas las personas tenemos derecho a morir dignamente y que no se prolongue nuestro sufrimiento más de la cuenta. Es una decisión muy personal y a nadie le gustaría tener que tomarla. Por ello no debemos juzgar a nadie que decide poner punto y final a su agonía, ni tampoco a los familiares o amigos que le ayudan a hacerlo.
Habría que respetar tanto al que opta por dejar de vivir sin calidad de vida, como al que decide seguir luchando a pesar de todo, pues para eso somos libres.

jose

jose dijo

hola

la empatía es muy interesante cultivarla,
el otro tema es valoras si el otro realmente sufre de verdad, o ha tomado su vida como un martirio chino, en el caso de la eutanasia pienso que nunca el individuo podrá ver en totalidad su problema, debería ser sometido a un juzgado popular, hasta es posible que contando su problema en público encuentre soluciones o apoyo
el que sufre lo que dices en tu texto es un héroe o heroína anomino/a que empieza a luchar desde que se despierta

un saludo

susana

susana dijo

Hola Silvi,
la salud es lo más importante que tenemos, si gozamos de una "relativa" buena salud, yo creo, desde mi punto de vista, que no está suficientemente valorada... yo quiero, esto o lo otro, y no me doy cuenta que con salud puedo tenerlo todo, aunque no lo consiga tengo la posibilidad de conseguirlo, de moverme de pensar, de luchar, no se.... sigo en ello...
Bss

Cari

Cari dijo

Cierto Silvia, a los que disfrutamos de "buena salud" así entre comillas, porque cuando no nos duele la cabeza es la espalda...

Bueno que si, es un tema peliagudo, ¿por que? porque entra en ello muchas cosas, religión miedos, dudas, muchas dudas.

Hoy por hoy yo lo tengo claro, creo que la eutanasia debería existir.

Mi familia sabe de mis deseos si algún día ya no tengo ningún remedio, vamos que no conozco, no sé quien me mira o quien me habla, o si estoy sólo bajo los efectos de la morfina.

Mi padre sufrió los últimos tres meses de su vida hasta el infinito y eso no era justo ni para él ni para los que le rodeábamos sabiendo que era terminal.

Los que tengan una religión muy arraigada supongo que no estarán de acuerdo conmigo, supongo que son los que piensan que "será cuando Dios quiera" pero es que a veces quiere muy, pero que muy tarde, tambièn dicen que el sufrimiento es por amor a ese Dios, pero... ¿se lo preguntan al enfermo?.

Otros dicen, mientras hay vida hay esperanza ¿qué esperanza?

El enfermo no puede ni opinar en la mayoría de las ocasiones, y sigue entubado, y sigue sufriendo, y sigue llagado sólo esperando la muerte.

En fin es un tema que ahora por cosas familiares me llega muy de cerca, por eso mejor no sigo.

Pero supongo que cada uno tiene su libertad, pero casi nunca se sabe la del enfermo, tristemente es así.

Creo que la eutanasia tardará en llegar a esta nuestra España, por desgracia.

Hay que estar muy libre de polvo y paja para esto, y aquí en estos asuntos no lo estamos.

Un abrazo Silvia, buen tema

Silvia dijo

Juanma, respeto es lo que más se necesita, dado que por mucho que lo intentemos, nadie puede ponerse realmente en la piel del otro ni sentir lo que esa persona está sintiendo.

Jose, no sé si un "jurado popular" podría valorar convenientemente el problema, pues para opinar con criterio hay que ser conscientes de la verdadera situación, y por mucho que la estudiemos y por mucha empatía que tengamos, no es lo mismo que vivirla directamente.

Susana, estoy de acuerdo, no valoramos lo suficiente la salud hasta que la perdemos. Es algo que nos acompaña desde que nacemos, y si nunca nos ha dado problemas importantes, ni nos paramos a pensar en ella, dando por hecho que siempre seguirá igual.

Cari, muchísimas cosas entran en juego cuando hablamos de la eutanasia, y desde luego no es un tema trivial. Cuando has vivido muy de cerca el sufrimiento de un enfermo terminal, creo que alcanzas a comprender mejor la situación en la que se encuentran esas personas y por qué para muchos de ellos la muerte parece la mejor, o única solución para escapar de ella.

Oriafontan

Oriafontan dijo

Hola a tod@s:

Hace mucho que no pasaba por este gran blog; iré poniéndome al día.

Respecto al tema: hay tres cosas realmente duras:

Tener una enfermedad mental, sufrir una deformidad, o tener una enfermedad contagiosa.

Una vez más lo más difícil de sobrellevar es el rechazo de la sociedad que entiende poco de "locos" "deformes" (los lleva al circo) o contagios.

Rudy Spillman

Rudy Spillman dijo

Silvia, excelente tu artículo desde todo punto de vista, tanto moral. ético, de justicia y en especial de lógica. Es incomprensible vivir en este siglo en un mundo donde la eutanasia bien entendida es privilegio de los habitantes de apenas unos pocos países. En algunos aspectos todavía continuamos viviendo con los dinosaurios aunque ellos ya no estén.
Nuevamente, mis felicitaciones por tan estupendo post.

Silvia dijo

Hola Oriafontan, hacía tiempo que no se te veía por estos lares :-) Cierto es que determinadas enfermedades producen un rechazo en los demás, y eso conlleva un aislamiento de aquél que las sufre. Ese aislamiento puede llegar a ser muy doloroso, ya que el ser humano necesita sentirse querido y aceptado por los demás para ser feliz.

Rudy, gracias por tus palabras. Dinosaurios... exactamente, eso parecemos en ciertos temas... No sé si algún día evolucionaremos lo suficiente, pues a veces paremos que en lugar de ir hacia delante, vamos hacia atrás.

Tojeiro

Tojeiro dijo

Es muy posible que quienes están en contra de la eutanasia nunca hayan sufrido la desgracia de vivir junto a un familiar (o a un amigo) desgastado por la indignidad de la muerte en vida. La vida no siempre es un don.

Anónimo

Anónimo dijo

Hola Tojeiro, realmente muy acertada tu opinión, //la indignidad de la muerte en vida//,que bien lo has sabido expresar...

Saludos

Cari

Cari dijo

La "anónima" soy yo.

Saludos Tojeiro

Silvia dijo

Tojeiro, coincido con Cari, muy acertada esa frase. Hay que vivirlo de cerca para comprenderlo.

Juanjo

Juanjo dijo

¡Hola! Ya he vuelto de mis vacaciones blogueras. Otra vez en la red para compartir con mis amigos historias y disfrutar de las suyas.

Estoy con Rudy en la excelencia de tu artículo, aunque me permito discrepar en eso de que los dinosaurios ya no estén... jejeje

En serio. Genial. Un abrazo.

Silvia dijo

Gracias Juanjo, y bienvenido de vuelta :-) No hay nada mejor que irse de vacaciones un tiempo y volver con energía renovada para seguir afrontando el día a día.

Teresa

Teresa dijo

La vida, es el mas maravilloso milagro que puede existir. Es necesario tener libertad y dignidad para poder disfrutarla. Si carecemos de eso, mi opinión es que no merece la pena vivir.
Saludos
Teresa

Silvia dijo

Hola Teresa, bienvenida de vuelta! :-) Estoy de acuerdo contigo, sin dignidad y libertad, la vida carece de sentido. Entiendo perfectamente a aquéllos que no quieren continuarla cuando han perdido toda esperanza de poder disfrutar de la vida como el resto de la gente, y sólo pueden limitarse a sufrir y esperar la muerte. Seguro que es una decisión muy dura de tomar, y ya sólo por eso, deberíamos respetarles, escojan la opción que escojan.

Deprisa

Deprisa dijo

Personalmente soy una persona luchadora, de modo que quierría luchar hasta el final. Considero la vida como algo hermoso y me aferraría a ella con uñas y dientes. Eso no quiere decir que no respete a los que elijan otras opciones, es más tienen mi apoyo, pero yo querría seguir luchando hasta el fin.

Silvia dijo

Hola Deprisa, creo que eso es lo que debemos hacer todos, respetar las opciones de los demás y vivir la nuestra libremente. Todo sería más fácil si actuásemos así.

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El prisma de la vida

Soy una asturiana residente en Valladolid desde hace un año. Química de profesión, poeta de corazón. Escribo cada miércoles en este blog. ¡Bienvenidos a mi pequeño rincón en internet!

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